19 de julio de 2016

¿Y si no hubiera habido guerra civil española? I


Madrid, 1934.
En las ucronías sobre la más reciente guerra civil española se ha explorado sobre todo algo común a todas las ucronías basadas en la divergencia de una guerra: que hubiera ganado el otro bando. Aunque no hay muchas obras sobre el asunto, hay que decir que entre las que hay aparecen éxitos editoriales. El premio Planeta de 1976, que es "En el día de hoy" de Jesús Torbado, "El desfile de la victoria" (también de 1976) de Díaz-Paja y en tono humorístico "Los rojos ganaron la guerra", del inconfundible Vizcaíno Casas (1989).

Lo que no se ha explorado es la ausencia de guerra. Hoy en día el público se mueve por referencia de la imagen en movimiento y la acción de una guerra siempre resulta más atractiva para el lector y sencilla de escribir para el autor. Plantear una ucronía quitando la principal fuente de acción semeja un ejercicio inútil y poco seductor, sin embargo cualquier aficionado a la lectura sabe que las mejores historias son las que rompen las reglas preestablecidas por éxitos pasados.

Planteemos el escenario histórico de una España sin guerra del 36.

Buscando un punto Jombar

¿Cuál es el punto de divergencia que evita la guerra civil? Precisamente semanas antes del inicio de la guerra mucha gente sabía que iba a haber una guerra. Algunos porque se lo olían y otros porque se preparaban para ella. Esto nos coloca en una situación especial para buscar nuestra divergencia. (Algo parecido pasa con las ucronías de la victoria nazi: los nazis tenían planes para la paz, para la paz nazi, entiéndase).

Conocemos por ejemplo que el 17 de febrero del 36, al comenzar a conocerse los resultados de las elecciones, el ejército —a través del Jefe del Estado Mayor, general Franco—, y políticos próximos al gobierno de Portela Valladares recomendaron a este que declarase la ley marcial para controlar los conatos de violencia que empezaban a sucederse. El presidente del gobierno se negó a movilizar al ejército y a la guardia civil. Lo que comenzaron siendo conatos de violencia se extendieron hasta la explosión del número de asesinatos políticos en los meses inmediatos antes del estallido de la guerra.

A los tres días de las elecciones, una autonombrada "Comisión de Actas" trabaja validando las actas de los diputados electos. En las sesiones de la cámara que fiscalizan su actuación se producen momentos de enfrentamiento físico entre los diputados del Frente Popular y el resto. El día 20 ante una conversación discreta entre el presidente de las Cortes y un diputado de Izquierda Republicana, Pérez Madrigal diputado republicano de la CEDA comenta en voz alta "ya está aquí el primer pastel de la temporada", el de IR se le abalanza y se forma un tumulto que incluye a numerosos diputados. En los siguientes días se elevan numerosas quejas de los diputados de la derecha ante la imposibilidad de ejercer libremente su labor: "si esto sigue así, aquí no tenemos nada que hacer", es una frase que recoge la prensa y que explica el proceso de expulsión al que se veía sometida la mitad de la cámara por la otra media.

Dos meses después en una dudosa sesión de las Cortes (constituídas tras un proceso de recuento lleno de irregularidades) los parlamentarios destituyen al Presidente de la República Alcalá-Zamora alegando el poder que les daba la segunda disolución de las Cortes (la primera había sido en 1933 para llamar a elecciones de la I Legislatura). El Presidente no reconoce el derecho de las Cortes a destituirle pero la votación en bloque del Frente Popular, la ausencia de parte de la cámara y el ninguneo de los grupos de la derecha finalmente consuman su destitución por los hechos.

Mientras las huelgas, los asesinatos políticos, los incendios, los allanamientos de propiedades y el entrenamiento de grupos paramilitares de los partidos políticos continuaban elevando la tensión en España, el 16 de junio se llega a la primera amenaza de muerte proferida de forma explícita en las Cortes. Tras discutir Calvo Sotelo con Casares Quiroga sobre el ambiente en los cuarteles, el coruñés hace responsable al pontevedrés (de Tuy) de lo que pudiera pasar (en referencia a una intentona) a lo que Calvo Sotelo le responde que más que la vida no le pueden quitar y es entonces cuando Dolores Ibárruri, diputada del PCE grita "¡Este hombre ha hablado por última vez!". Menos de un mes después, era asesinado (curiosamente sus asesinos son detenidos por la policía al día siguiente, es decir, el sistema podía funcionar).

Otro de los ingredientes importantes del momento inmediatamente anterior al estallido de la guerra civil fue la decisión de Franco de sumarse al golpe. La muerte de Calvo Sotelo el 13 de julio es lo que convence definitivamente a Franco de sumarse al golpe. Hasta el momento pese a estar al tanto de la conspiración, se había negado a comprometerse creyendo que para el éxito del golpe haría falta contar con más elementos de los que disponían los sublevados. El asesinato de Calvo Sotelo acabaría de decantar el apoyo de casi toda la derecha y parte del centro a un arreglo de la situación por vías ilegales. Hágase notar que incluso con el plan en marcha, en el vuelo del Dragon Rapide de Canarias a Marruecos Franco lleva un plan be en el bolsillo: una carta dirigida al presidente explicando su intención de viajar a Madrid para ayudar a defender al gobierno. La participación de Franco resultó importante pues contaba con la lealtad de las guarniciones de Canarias y del Ejército de África, cuyo rápido transporte a la península dificultó extremadamente que el gobierno retomara el control. Sus cargos previos en la Academia Militar y en la Jefatura del Estado Mayor lo hacían un personaje relevante que podía acabar de convencer a militares todavía indecisos.

Otro de los hechos decisivos que convierten lo que iba a ser un golpe de estado en una guerra civil fue la decisión de armar a las milicias de los partidos. José Giral nombrado in extremis presidente del gobierno el día 19 ante la dimisión de Casares Quiroga da órdenes de dar "armas al pueblo", lo que en realidad significó armar a los grupos paramilitares de los partidos del Frente Popular y a los anarquistas. Armas que en varios momentos de la guerra fueron empleadas para matarse entre ellos. Con esto la República perdió legitimidad ante la población y la autoridad de los cuerpos y fuerzas de seguridad afectos al régimen quedó en entredicho, obstaculizando el liderazgo de la gente mejor preparada para defender al gobierno.

Finalmente, aunque no es decisivo para lo que nos interesa, hace falta recordar que los pronunciamientos en las ciudades de los militares sublevados se hacen dando vivas a la república, pues el golpe pretendía imponer el orden público y no establecer un nuevo régimen para España (entre los sublevados no existía unanimidad política).

Bien, entonces como posibles puntos Jombar tenemos:
  • 17 de febrero, la decisión de Portela Valladares de establecer la ley marcial.
  • 7 de abril, las Cortes no destituyen a Alcalá-Zamora.
  • 13 de julio, no asesinan a Calvo Sotelo.
  • 14 de julio, Franco no se suma al golpe.
  • 19 de julio, el gobierno no entrega armas a los grupos paramilitares.
Continuará. :)



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